lunes, 4 de mayo de 2020

1782 - Vecinos de Bocines a la pesca del besugo

9 de enero de 1782: Tragedia en la mar (vecinos de Bocines a la pesca del besugo)


A veces buscando información para un tema, uno tropieza con hallazgos inesperados. En mi caso, consultando los libros de bautizos de la parroquia de San Martín de Bocines (Gozón, Asturias) [1], conservados en el Archivo Diocesano de Oviedo, hallé, entre dos partidas de bautismo, una lista de vecinos que se ausentaron el 9 de enero de 1782, a la misa de ese día. 



En la misma se puede leer:

Lista de los vecinos de esta parroquia que faltaron el día nueve de enero de este año de 1782 yendo a la pesca al besugo en el puerto de Candás:

- Juan Morán, marido de Isabel Fernández de Luanco
- Juan Morán, hijo del de arriba, marido de Luisa Muñiz de Santiago
- Pedro Rodríguez, marido de Josefa García
- Josef Suárez, marido de Josefa Muñiz
- Gerónimo Cuervo, marido de Bernarda Suárez
- Juan García Salines, marido de Josefa Mori
Miranda 


Firmado: Andrés Francisco García Miranda

En 2024, gracias al blog de Historia de un lugar, Antromero, descubrí que la ausencia había acabado en tragedia a consecuencia de un temporal sobrevenido en aguas del Cantábrico ese mismo día 9. En la revista del concejo de Carreño, nº 4 "Candás en la Memoria", de diciembre de 2018, (páginas 13-14), David Pérez Sierra cuenta cómo el suceso quedó descrito en el libro de defunciones de la iglesia de San Félix. De ese modo descubrió que había salido del puerto candasín seis lanchas a la pesca del besugo con 114 hombres a bordo, de los cuales fallecieron 42. Todavía el día 14 de enero, una balandra llamada Santa Cristina, lograba rescatar frente a la costa de Cantabria a una de aquellas lanchas. Desconocemos, a falta de la consulta de los libros de difuntos de la parroquia de San Martín de Bocines, si alguno de los hombres que se ausentaron a la misa ese día, falleció también en tan trágico suceso. Pero, curiosamente, entre los fallecidos nombrados en el libro de difuntos de San Félix, aparece citado un tal Simón de Artime "vecino de la parroquia de Bocines", que murió ahogado durante el rescate de la balandra Santa Cristina y, sin embargo, no es citado en la lista de ausentes del cura párroco. 

Antiguamente, la pesca en este mar giraba en torno a las costeras del besugo en invierno, y del bonito y la sardina en verano. La costera del besugo era una de las mas valoradas comercialmente desde la Edad Media. Su valor venía unido, además, al riesgo que suponía su captura, que coincidía con las peores fechas del año para faenar por el mal estado de la mar. Su pesca exigía, además, desplazarse varias leguas mar a dentro, empleando el anzuelo, en lugar de red, para su captura.

En aquella época era normal que hubiese campesinos que compaginasen las labores del campo con las del mar, para compensar las épocas de escasez o malos cultivos. El párroco, como se observa, se preocupaba de que la ausencia a misa fuera por una causa bien justificada.
Pagellus bogaraveo: Besugo

[1] San Martín de Bocines es una de las trece parroquias de las que se compone el concejo de Gozón. Limita al Norte con Santa María de Lluanco, al Noroeste con la de Santolaya de Nembro y al Suroeste con la de San Martín de Cardo, y al Sureste, con las parroquias de Candás y El Pieloro (de quien era hijuela en esa época), ambas en el concejo de Carreño. Su costa lo baña el Mar Cantábrico.

José Ramón "de la Pintora"

José Ramón "de la Pintora"


José Ramón Gutiérrez González, José Ramón “de la Pintora” (1868-1969), como mejor era conocido, puede auparse como ejemplo de esas personas que abundaban más antes en nuestros pueblos y que en las últimas décadas, desgraciadamente, han llegado prácticamente a desaparecer, o se cuentan con los dedos de la mano. Un humilde maestro carpintero de ribera, de pensamiento liberal y socialista, que, de manera autodidacta, alcanzó un gran respeto por su saber y por su preocupación por difundir la cultura entre los luanquinos. Así lo dejó demostrado como escritor y dibujante (en poesías, artículos, teatro, planos de barcos) y como presidente del Ateneo Obrero y del Gremio de Mareantes de Luanco.

José Ramón “de la Pintora”
Uno no puede dejar de pensar, cuando repasa la vida de personas como José Ramón, a dónde podrían haber llegado, en Asturias y España, él y otros muchos como él, de haber podido contar con el apoyo y los medios necesarios para demostrar todo su potencial y valía. Pero, desgraciadamente, en esta vida no partimos todos desde la misma línea de salida.

Recupero aquí un artículo, titulado Del Pasado, escrito por José Ramón en el Álbum de Luanco, del año 1936, pocos meses antes del comienzo de la Guerra Civil española. Gracias a sus recuerdos del Ateneo Obrero y de personajes como Mariano Suárez-Pola o del músico Eduardo Bosquets, además de alguna que otra anécdota, podemos revivir durante unos minutos la intensa vida cultural de esta villa marinera hace un siglo (¡quién lo diría ahora!).





Las fiestas del Cristo del Socorro, adnos recordar sucesos y hechos que, aun siendo de escasa importancia para los extraños, tienen sin duda para los que hemos nacido y vivido en Luanco, valor de tal importancia que algunos de esos hechos, son dignos de recordancia.

Vienen a mi memoria aquellos días del Socorro que en nuestros tiempos mozos esperábamos llenos de entusiasmo y animosos para representar en el teatro local del Ateneo Obrero, obras que el público con benévolo aplauso premiaba. Aquel grupo de entusiastas que constituían la sección dramática del Ateneo, sufrían gustosos los largos ensayos de las obras y ponían todo su afán e interés en la mejor interpretación de sus respectivos papeles, para que la función del día del Socorro, dejara satisfecho al nutrido público que en esa noche llenaba el teatro.

Merecen nuestro agradecimiento los que fueron directores y han conseguido que aficionados llegaran a representar las obras de un modo que el público juzgaba bien.

Ya no existen aquellas personas que han prestado apoyo e interés por la prosperidad y auge del “Ateneo Obrero” de Luanco, que tan gratos recuerdos dejó de nuestra juventud.

Sin olvidarme de ninguno, he de recordar con preferencia, a aquel bueno de Eduardo, todo lleno de amabilidad, siempre la sonrisa en los labios y el golpecito familiar en el hombro del más insignificante de nosotros.

Siempre propicio e incansable en conseguir afinamiento y armonía en los coros y zarzuelas que nos ensayaba: y sobre todo, a sufrir el tormento de estar muchas horas al piano para que nosotros nos recreáramos bailando. Mucha s noches venía al Ateneo, solo por hacernos oír piezas de música ejecutadas en el viejo piano que poseía la Sociedad.

En ocasiones si alguno de nosotros, olvidando lo previsto en el reglamento, se entusiasmaba pidiendo “La Marsellesa”, el bueno de don Eduardo, sonreía complaciente y hacía vibrar en el destartalado instrumento las sugestivas notas que un día improvisara Rouget Lisle.

Hay personas que por donde ellas pasan dejan un reguero de recuerdos plácidos, que ni el más desaprensivo podrá olvidar. Los que conocimos a don Eduardo Bosquest: los que hemos apreciado sus bondades y su gran deseo de servir a todos, no podemos más que guardar culto a su memoria.

Siendo yo muy joven, asistía con frecuencia a los ensayos de la Banda de Música y a las lecciones de solfeo que el maestro daba en la Academia. Ésta era entonces el mismo local que servía de cárcel, y en ocasiones de asilo.

En un invierno crudo, aquí tenía albergue un desgraciado anciano, alto y esquelético a quien llamábamos el tío Pepe. Como en este lóbrego local no había habitaciones reservadas, el pobre hombre estaba presenciando los ensayos, tumbado sobre un montón de (h)arapos que le servían de lecho. Una noche que el maestro corregía a un músico y algo nervioso repitió varias veces la nota SOL, vimos levantarse, cual si fuera un espectro, al tío Pepe y con voz temblorosa dijo: «Don Eduardo, tanto SOL y tanto SOL y yo ¡estoy muriendo de frío!»

Esta salida de aquel infeliz que pudo ser causa de regocijo, sumió a todos los presentes en tristes cavilaciones. ¡Verdad cruel! aquel desventurado ser humano, poco(s) más ensayos presenció, y el recinto de la Academia de música, convirtiose un día en estancia fúnebre.

Menciono esta anécdota como cosa muy lejana, que, a pesar del tiempo transcurrido, refleja en nuestros recuerdos, algo trágicamente triste, lo que en apariencia quería ser un chiste.

“El Ateneo Obrero” de Luanco, llegó a ser en el pueblo, una institución por todos apreciada. De esta Sociedad, salieron iniciativas, que por su importancia, son dignas de tenerse en cuenta. En varias ocasiones se dirigió al Ayuntamiento, interesándose por las mejoras del pueblo, y consiguió que nuestra corporación municipal, rotulara dos calles y un paseo, con los nombres de Mariano S. Pola”, “Félix S. Inclán” y “Cándida Villar de Inclán “.

Reconociendo lo que Luanco debe a don Félix S. Inclán, por s u eficaz y decidido apoyo, consiguiendo con suma rapidez, la subasta del puerto del Gayo; el Ateneo adquirió por suscripción un retrato de dicho señor y pudo alcanzar fuese colocado, en el Salón de sesiones de nuestro Ayuntamiento.

Las cátedras del Instituto del Santísimo Cristo del Socorro, fueron inauguradas, el día 3 de noviembre, del año 1897, y el Ateneo Obrero, organizó a sus expensas festejos públicos, en obsequio de Marianito y los señores tutor y consejo de familia, que venían a la apertura. Levantose un artístico arco en la plaza, en donde el público alborozado aplaudía, al ver pasar por bajo de él, aquel niño que le traía a la memoria los beneficios, recibidos de su ilustre tío. Los socios del Ateneo, no querían intervenir en las discusiones, de si la apertura era forzosa y que en justicia, las cátedras del Instituto debían estar abiertas ya, muchos años antes, como eran los deseos de su fundador. Acaso los que así pensaban, tenían razón, pero ellos solo veían, el beneficio, que para Luanco y su concejo, significaba aquella inauguración y querían solemnizar tan fausto acontecimiento, con su concurso y adhesión sincera.

Una representación del Ateneo, asistió a los actos de la inauguración, tomando parte también en el banquete, con que fue obsequiada la comitiva. Los restantes de los socios, quisieron a su vez festejar, ese memorable día y reunirse en fraternal convite: organizando una fabada que fue servida en el teatro. La comisión inauguradora, mostrose muy agradecida al homenaje recibido del Ateneo Obrero, y en prueba de ello, fue a darle las gracias a los socios y honrar con su presencia, el local de la Sociedad, para posteriormente, el señor tutor, hacer poco honor a su palabra.

El entusiasmo de los reunidos, estalló en frenéticos aplausos, al oír a aquel señor decir que desde aquel día quedaba el Ateneo, libre del alquiler del local, y que se harían las obras necesarias en el edificio.

En agradecimiento a tal promesa, acuerda la Junta General, regalar a Marianito, un álbum firmado por todos los socios y que en artística dedicatoria expresara la veneración que sentían por el descendiente de don Mariano. Adquirido el álbum y al querer entregarlo, les sorprende las excusas expuestas, que resultaba rechazar aquel objeto ofrecido a impulso de una manifestación de verdadero cariño. Las promesas hechas no se cumplieron, y lo prometido en un día de agradecimiento, pasó al olvido.

Teniendo necesidad de reparación el local, nombró el Ateneo una comisión, para entrevistarse con el señor tutor y conseguir permiso para el arreglo del teatro, siendo por cuenta de la Sociedad, todo el importe de la obra. Al mismo tiempo, haría entrega del álbum. La comisión, a duras penas fue recibida, el permiso negado y el álbum rechazado con aspereza. De nada sirvieron los ruegos de los comisionarlos, que con insistencia querían dejar aquel regalo a Marianito. En nada fueron atendidos, y al exponer el estado de ruina, en que se hallaba el teatro y los temores de que se hundiera la cubrición, -contestó- ¡que se hunda! y dirigiéndose a los huérfanos -quisiera no tuviereis nada en Luanco y que nunca os acordareis de él. Aquel buen señor creía defender los intereses de sus administrados, inculcando en los tiernos corazones de unos niños, odio profundo, al pueblo que viera nacer a sus ascendientes. No había motivo para mostrarse así con el Ateneo Obrero, ya que este centro, era ajeno en absoluto al litigio entablado por el Ayuntamiento. Al no consentir el arreglo del local sería causa de la disolución del Ateneo, puesto que, para sostenerse contaba con el producto de las funciones de teatro, por ser insuficiente la pequeña cuota impuesta a los socios.

Hemos de advertir que lo recaudado por las funciones de teatro, no siempre ingresaba en la caja del Ateneo, y sí, en muchas ocasiones, ese dinero sirvió, para fines de caridad. Los socios del Ateneo, eran en su mayoría obreros, pero también pertenecían al mismo, personas de elevada posición, hombre de carrera, estudiantes, empleados y puede decirse, que todos en el pueblo, pertenecían a esta asociación. Dentro del local no existían clases, solo había compañeros, conviviendo amigablemente y en perfecto régimen de democracia. Los más capacitados se prestaban gustosos a instruir e ilustrar con sus conocimientos y su palabra a los que de ello necesitaban. Podemos decir, que de aquellas conferencias y cultas reuniones, quedaba siempre algo noble y digno que no se podía adquirir frecuentando otros sitios. Allí se discutía de todo menos de política. Se trataba de historia, de geografía, de astronomía, de bellas artes, literatura y de todo tema científico. Una noche discutiendo sobre escultura, surgió la idea de intentar hacer algo que perpetuase la memoria de don Mariano; esto ocurría en el año mil novecientos. Un grupo de socios jóvenes, animosos y entusiastas, se unieron para organizar los trabajos con tal fin y adquirir datos sobre lo que se proyectaba. Con éstos, se encontraba Nicolás de la Pola, quien se dirigió a su señor padre, rogándole escribiera la circular, que habría de anunciar la suscripción. El señor de la Pola, persona cultísima e hijo de este pueblo, residía en Madrid y se apresuró a complacerle. Creo de interés, copiar a continuación parte del escrito que enviara este señor: «El pueblo de Luanco, tiene contraída una deuda de gratitud con don Mariano S. Pola, benéfico fundador del Instituto del Santísimo Cristo del Socorro, y el Ateneo Obrero, seguro de interpretar fielmente los deseos de la villa entera y aún los de cuantos se interesan por la difusión del saber y mejoramiento de la educación popular, concibió el pensamiento de erigir a la memoria del ilustre patricio, un monumento público que perpetuamente recuerde su generoso proceder y pueda servir de estímulo a los que quieran imitarle… ».

La misma comisión se entendió con el escultor don Julio Pola, que envió bocetos y presupuestos, resultando de éstos: «Busto de bronce sobre pedestal, 4.000 pesetas. Estatua de bronce sobre pedestal, tamaño natural, 10.000 pesetas».

Aquellos animosos jóvenes alucinados con su entusiasmo, no repararon en lo difícil que sería reunir una de aquellas cantidades, aun siendo la menor. Esto motivó el desánimo y dio lugar al aplazamiento del proyecto, en espera de ocasión más propicia. Posterior a estos trabajos, también en la Habana algún compoblano, sostenía la misma idea y en cartas circulares, invitaba a los hijos de Luanco, residentes en América, a hacer algo en honor de don Mariano.

Pasaron varios años sin llevar a cabo nada práctico. Aquel grupo de entusiastas socios del Ateneo, no descansaron, hasta conseguir aquello que tanto les ilusionaba. Llegó el momento oportuno y en junta general extraordinaria, celebrada el día 5 de abril de 1908, el Ateneo Obrero, acordó abrir una suscripción popular, para erigir una estatua a don Mariano S. Pola, encabezándola con mil pesetas, (que más tarde se elevó a mil quinientas). Entre los acuerdos, hay el de invitar a las autoridades locales, para formar parte de la junta, que había de llevar a feliz término la plausible idea y dar la presidencia al alcalde.

Constituida la Junta Gestora, se organizaron los preparativos de la recaudación, y se publicó enviándolo a todas partes, donde hubiera un luanquín, una circular con el escrito del señor de la Pola, que hemos apuntado antes.

Dicha circular llevaba las siguientes firmas: Alejandro Artime, alcalde; José R. Gutiérrez, Presidente del Ateneo Obrero; José Menéndez de la Granda, Juez Municipal; José González Pola, Cura Párroco; José García Menéndez, profesor del Instituto; Evaristo Mori, Presidente de la Marítima; Marcelino Vega, Gervasio Fernández, Juan Villa y Agustín García, vocales del Ateneo; Inocente Gutiérrez Pola, maestro del colegio.

Seguros del patriotismo de nuestros paisanos residentes en América, mandáronse circulares a la Habana, de donde la Colonia Gozoniega, remitió una suma respetable para engrosar la suscripción.

También el Ayuntamiento contribuyó en dos veces con cantidades de importancia. Todo luanquín amante de su pueblo, dio su óvolo, pero la Junta Gestora, no tenía aún lo suficiente recaudado para completar la suma presupuestada y entonces, otras personas aportaron lo necesario.

Por fin llegó el tan deseado día y el 8 de agosto de 1916, se inauguró la estatua del fundador del Instituto del Santísimo Cristo del Socorro.

Hay un hecho innegable y es que, este modesto monumento con que Luanco, honra a su bienhechor, se debe a la iniciativa del Ateneo Obrero, que con su entusiasmo, constancia y empeño, consiguió plasmar la imagen de don Mariano, a quien todo buen luanquín, llevaba ya en el corazón.

Esta sociedad tuvo su primera reunión el 15 de octubre de 1894 y puede asegurarse que en aquella época, sería el tercer centro de carácter cultural en nuestra provincia. Mayor motivo para lamentar que aquella culta asociación, haya desaparecido por carecer de local.

Los deseos de aquel buen señor, se cumplieron y el edificio, domicilio del Ateneo Obrero, se derrumbó.

Aquel pequeño teatro tenía en su historia, el ser uno de los primeros que existieron en Asturias, y sobre todo, para nosotros, el gran valor de ser fundado por don Mariano. Aquel gran hombre que dotaría a Luanco de un valioso centro de enseñanza, quería también legar a su pueblo algo que lo condujera por la senda del arte.

Él fue quien hizo escribir sobre la coronación del arco que formaba el escenario, los versos de un poeta clásico.


«No es el teatro
un vano pasatiempo,
escuela es de virtud
y útil ejemplo
».

Méritos suficientes son éstos para que por todos, este edificio fuese respetado como cosa sagrada y no consentir nunca su desaparición.

De aquel querido teatrín, no queda hoy más que unas tristes paredes y el convencimiento que, de haberse llevado a cabo la cesión prometida y suscripta, no hubiese desaparecido aquel recuerdo de don Mariano, ni el Ateneo Obrero de Luanco.

Luanco, enero de 1936.


El hexahórreo de Sotu Ribera (Ribera de Arriba / La Ribera), Asturias

El “Hexahórreo” de Sotu Ribera (Ribera de Arriba / La Ribera), Asturias




Hace unos años, el historiador Julio César Zapico Alonso y un servidor, realizando el trabajo de catalogación de los hórreos de Ribera de Arriba / La Ribera (Asturias), especialmente los del pueblo de Bueño/Güeñu, para su ruta de los hórreos, nos encontramos, en Soto de Ribera, capital del concejo, con una casa de indianos de finales del S. XIX, en cuya finca se alza este ejemplar único de hórreo de planta hexagonal y siete pegollos (uno reforzando el centro del mismo), con un estilo muy particular y ecléctico, que se construyó posiblemente al mismo tiempo que la casa. Es posible que el arquitecto de la casa y el hórreo haya sido el mismo.
Localización del hórreo hexagonal en Soto de Ribera (Ribera de Arriba, Asturias)
Detalle del corredor
Pontones
Séptimo pegollo de refuerzo










jueves, 30 de abril de 2020

Robustiano Viña: "Recuerdos"


Robustiano Viña: "Recuerdos" (1935)


El pueblo donde nací, Luanco / Lluanco, como otros pueblos, cuenta en su historia con numerosos peronajes que aún permanecen en la memoria de muchos de nosotros, incluso entre aquellos que no los conocieron. Uno de ellos es Robustiano Viña Mori (1882–1966), fundador en 1920 de “Litografía-Viña”, en Gijón/Xixón. Era sobrino de otro litógrafo, Luciano Mori Muñiz, quien le enseñó el oficio. Robustiano y su hermano Juan (1885–1956) llegaron a contar con dos locales en Gijón, en el 106 de Marqués de Casa Valdés y otro, a continuación, abierto en 1925, en la confluencia con la actual Avenida de La Costa, que en la II República se denominó calle de Francisco Ferrer y Guardia. En los año 60 del siglo pasado trasladaron el negocio a un nuevo edificio en La Calzada, que se mantuvo en activo hasta el año 1999. El Ayuntamiento de Gijón adquirió los fondos de la litográfica, junto con la maquinaria, para crear, en el 2001, el Centro de Estampación Artística “Litografía Viña”, en el barrio de Cimavilla.

Recuperamos aquí un artículo escrito por Robustiano para el álbum de las fiestas del Socorro, del año 1935:


 RECUERDO DE NUESTRA INFANCIA. “EL DÍA DEL SOCORRO

Cuando se está ya en el comienzo de la segunda mitad de un siglo de vida y se siente la satisfacción de haber nacido en Luanco y el legítimo orgullo de ser hijo de pescador, hablar de la fiesta del Socorro, es pretender, por un momento, hacer perder el juicio.

¡¡El día del Socorro!! ¡Cuán agradables recuerdos trae a nuestra mente ese acontecimiento religioso de la villa luanquina.


Una semana antes daba comienzo la Novena en la iglesia parroquial, cantada por un coro de voces de marineros, que don Eduardo, con paciencia de benedictino, dirigía amorosamente. Precedía al rito, el consabido «paseín» por el Cabildo, en donde la chiquillería perturbaba los coloquios de la mocedad, en un atardecer frío y húmedo, como corresponde a esta estación invernal.


Después, la víspera de la fiesta. Música a las doce en la plaza de la iglesia, en donde la simpática Banda Municipal -ya la había entonces, que conste- nos deleitaba con sus mazurkas y habaneras, que la gente joven, en su casi totalidad mujeres -pues los hombres, si el tiempo lo permitía, se hacían al mar en busca del codiciado besugo- aprovechaba para bailar a todo lo largo de la acera de la casa de la Pola, pues el pavimento de la plaza, lleno de «regodones», no permitía seguir acorde los compases de un vals corrido.


Por la noche, la «foguera» animada vivamente por el tío «Malverde», el cual con verdadera fruición atizaba el «rozo» en grandes llamaradas, constituyendo gran deleite en los rapaces que, inconscientemente, saltábamos sobre las llamas, propicios a sufrir un accidente. Mientras, las parejas jóvenes -pues ya entonces habían llegado las lanchas- zurcían a su modo, casi siempre con los pies calzados de almadreñas, los bailables que los músicos volvían, incansables, a repetir. Los cohetes de luces y los fuegos de artificio encantaban a todos, aun cuando justo es decir, sus inoportunas luminarias eran el tormento de alguna pareja descuidada en los bancos del Cabildo. Lo que desde luego constituía para los chicos de entonces gran atractivo, eran les «paxarines». ¡Qué espectáculo más agradable para nosotros ver deslizarse un cohete serpentina por un terso alambre pendiente del balcón central de la torre de la iglesia, a un palo, instalado cerca del «Desmayo»
![1] Ingenuamente lo confesamos. Para nosotros aquel momento era lo más emotivo de la fiesta. Causaba en nuestro espíritu tal sensación, que ya podrían ahora presentarnos las más atrevidas y resonantes tracas valencianas. Nada significarían ante una «paxarina» de ida y vuelta, en la «foguera» del Socorro.


Y, al fin, llegaba el día grande. Muy temprano ya, la gaita y el tambor que bajaban de alguna parroquia aldeana, nos despertaban con sus sones estridentes, invitándonos a gustar las emociones del día. Nuestra santa madre nos tenía preparado entonces las mejores galas, que, todos en la casa, empezando por nuestro progenitor, íbamos poniendo con gran cuidado y cariño. ¡Ahí es nada! ¡¡Era el día del Socorro!! A las diez, del Ayuntamiento salía la comitiva oficial precedida de los carabineros, rutilantes al sol sus bayonetas y marcando un paso marcial ensayado, sin duda, días antes, por el «Zapardel». El alcalde, el señor cura, don Pepito, de grata recordación, el ayudante de marina, la Directiva del Gremio, y un gran cortejo de simpáticos pescadores, luciendo todos ternos de paño oscuro y al cuello un lazo, casi siempre negro, que sus compañeras habían colocado con amor sobre las tersas pecheras de sus «camisolas» inmaculadas.


Seguidamente, la procesión con igual solemnidad que hoy todavía, nos parece, existe. Después, misa a toda pompa, con sermón en el que el predicador no podía omitir la narración del milagro sin contraer la justa irritabilidad de los marineros. Terminada la fiesta religiosa, llega la hora de la comida, que ha de ser extraordinaria, en la que no faltaba el plato de arroz con leche. Por último, la romería en el Cabildo y plaza de la iglesia. ¡Era de observar las vueltas que nosotros dábamos en derredor de las mesas de confites y cestas de avellanas, apretando en la mano los diez céntimos que en casa nos habían entregado como cosa fuerte, y que siempre, casi siempre gastábamos en caramelos largos de la «Pontona»…!


¡Cuánta sencillez en todo ello! ¡Y cuánta sublimidad en el espíritu limpio de un niño de diez años, hijo de humilde pescador, y nacido en Luanco!; en donde hoy como ayer, no obstante la truculencia de los tiempos que vivimos, seguramente hallaríamos, para nuestro consuelo, algún niño que, cual nosotros entonces, con igual frenesí anhele llegue ese día y que santifique con la misma unción esa grata efeméride, que deseamos perdure por los siglos, como vigorizante de la fe de los marineros de nuestro pueblo.


Robustiano Viña


[1] El “Desmayo” era el nombre con el que se conocía popularmente a una mimosa que se encontraba al comienzo de la calle que bajaba al muelle de Luanco.
 

Fuentes consultadas:

- DÍAZ, Mª del Mar: “Establecimientos litográficos en Asturias. Historia mercantil y desarrollo laboral”. Colección: “La herencia recuperada”.


- www.litografiavina.es (esta web actualmente no existe)

Samarinche-Polka


Samarinche-Polka


Anselmo González del Valle
Anselmo González del Valle (1852 – 1911), hijo de otro del mismo nombre que había amasado una gran fortuna en Cuba con el negocio del tabaco, fue un pianista, compositor y melómano asturiano. Su obra musical, impresa por las principales casas editoriales de música de finales del S. XIX y comienzos del S. XX, fue compuesta en su totalidad para un instrumento musical, el piano, y se interpretó en los salones burgueses de la época. Una parte de su gran biblioteca musical fue adquirida por el Instituto Español de Musicología en el año 1947, cuyo heredero en la actualidad es el Instituto de Musicología «Milá i Fontanals», del CSIC de Barcelona.

Tras la separación de sus padres, Anselmo y su hermano Emilio, que habían nacido en La Habana, se trasladaron a Oviedo donde pudo realizar sus estudios musicales con el organista y compositor de la catedral de Oviedo, Víctor Sáenz. En la casa de éstos se creó una tertulia cultural en la que se hablaba de literatura, música, historia, arte (e incluso se representaban obras de teatro) en la que participaron algunos de los personajes más ilustres del arte y la cultura asturiana, como Armando Palacio Valdés y Leopoldo Alas “Clarín”.


Dedicó dos álbumes musicales a Luanco, compuestos por pequeñas piezas pianísticas editadas por la editorial “Sociedad Anónima Casa Dotesio”. El “Primer Álbum de Luanco, op. 11”, consta de ocho piezas, y el “Segundo Álbum de Luanco, op. 16", de diez. Cada una de estas obras reciben el nombre de un lugar, barrio o paraje de Luanco, y su concejo, Gozón, como la “Mazurka cursi de La Raposera”, la “Samariche-polka”, el “Minué de Verdicio”, o el “Minué-scherzo de Bañugues”, y cada una  va dedicadas a un personaje de Luanco, o relacionados con la villa, como Nicolás Suárez, presidente del balneario “La Rosario”, José Rascón, “cartero en ejercicio”, o Eduardo Bosquets, organista de la iglesia de Santa María. Cada una de las piezas podía ser adquirida individualmente a un precio de 1,5 o 2 pesetas.
Desgraciadamente, como ha sucedido (y sigue sucediendo) con otros compositores asturianos, ha sido poco o escaso el interés por grabar y dar a conocer su obra. Que conozcamos, sólo existe una, dedicada a González del Valle, realizada en el año 1981 por la pianista Purita de la Riba y producida por Sociedad Fonográfica Asturiana. En el año 2000 fue reeditado en CD con el título de “Alma de Asturias: música asturiana para piano de Anselmo González del Valle y Carvajal”.

Una de las piezas es la titulada “Samarinche-polka”, dedicada al Doctor Cors, un conocido médico de la villa en aquella época. El Samarinche (o El Samarincha) es el nombre que recibe una zona de Luanco comprendida entre el arroyo de Cañeo, por el Sur, el barrio de Les Escallejes (La Soledá), por el Oeste, y el Cantábrico, por el Este (con las playas de El Samarinchina y El Samarinchón). La podemos escuchar a continuación:



lunes, 27 de abril de 2020

1497 - Apeo de la yuguería de Berdizio, Fiame y Traspuesta (Gozón, Asturias)

1497. Apeo de la yuguería de Berdizio, Fiame y Traspuesta (Gozón, Asturias)

  
Como explica en su web el filólogo y catedrático de la Universidad de Oviedo Xulio Concepción Suárez, “las juguerías que aparecen en los documentos medievales son las yuguerías, xuguerías, xugueras en asturiano, que se recuerdan en los pueblos: suertes, parcelas, leiras…, de labor todas iguales, como los tablaos (un día güeis, como norma); parece que dependían más bien de las iglesias, los monasterios… En el caso de las xuguerías debían ser un gran negocio para los propietarios, pues los llevadores tenían que sembrar y pagar una buena parte; era el espacio que se dedicaba a los cereales, al pan, el trigo, la escanda…, equivalente a lo que labra al día una parexa de vacas o gües con xugu, xunías (de donde el nombre); y, por ello, la zona de la yuguería se contraponía a las güertas y güertos más pequeños, cerca de casa, que se trabayaban a fesoria; según fuera el vecindario, podían ser muchas parcelas, pues todos tenían que labrar el pan para el año; incluso, cuando el año era malo, las rentas y las especies tenían que pagarlas igual, pues sólo de las güertas no podían vivir” (http://www.xuliocs.com/etimologlexicxz.htm).

El apeo de la "yuguería de Berdizio, Fiame y Traspuesta" fue realizado a finales de junio del año 1497. La transcripción está hecha a partir de una copia microfilmada del mismo, conservada en el Archivo Histórico Nacional (Catedral de Oviedo: legajos 5125, 5143, 5144, 5181)[1].

Guiándome por los datos que proporciona la oficina virtual del Catastro actual he podido localizar la mayoría de los predios que aparecen registrados en el apeo. Pero con el catastro actual no podemos reconstruir el parcelario que describe un documento de hace 500 años, puesto que a lo largo de estos siglos el terrazgo ha ido variando en cuanto a volumen, tamaño y nomenclatura.
 

Pero si nos tomamos la libertad de tomar como referencia “aproximada” los datos que nos aporta el Catastro actual, obtenemos que la “juguería de Berdicio, Fiame y Traspuesta”, en su totalidad, ocupaba alrededor de 350 hectáreas de terreno, hallándose separadas del resto las fincas englobadas bajo el nombre de Traspuesta (actual Trespuesta), a algo mas de 1 km de distancia del resto.

Ubicación de las "yuguerías" en el entorno del Cabu Peñes
Yuguería de Berdizio y Fiame
Yuguería de Traspuesta
A continuación, la transcripción del texto: 

En veynte días del mes de junio de mil e quatrozientos e nobenta e siete años, en presencia de mi el dicho notario parezió de presente Fernán Pacho, canónigo en la Yglesia de Obiedo e procurador de los señores Dean e Cabildo de la dicha Yglesia de Oviedo, ante el benerable don Alfonso Rodríguez de León, prior de la dicha Yglesia de Oviedo e Juez Comisario, e presentó por testigos de informazión cerca de las eredades, lantados, brabos e dondos pertenezientes a las dichas juguerías de Berdizio e Friame e Traspuesta e del Moyo del Sal al Señor Menendo de Baldés e al Señor Juan Suárez del Cueto e a García de Sagres, e a Gonzalo García de Eres e a Juan Fernández del Castañedo, y a Pero Fernández de Obes, de los quales e de cada uno de ellos el dicho Señor Prior e Juez susodicho tomó y rezibió juramento en forma debida de derecho; y lo que aclararon por virtuz de dicho juramento es lo siguiente: Testigos que los bieron jurar: Rodrigo Alfonso de León e Diego de Puia e Pedro de Coyenzes, criados del dicho Señor Prior, e a Diego García del Castañedo.
 

Primeramente dixeron que la heredad de Traspuesta se determinaba en esta manera: que comenzaba con Biodo por el riego de La Braña, según yba agua ariva fasta la mar, e que comenzaba por la otra ladera por la fuente del Truébano para el riego del Pienso, según desciende fasta la mar, y de la otra frontera ariva por el baxo de la Villa, desde herederos de Diego García de Sagres y de Pero Fernández de Obes y de otros herederos, y a frenta mar, en esta frontera por el hero del Espín, que es de Pero Fernández del Ferero, y de la frontera de bajo la mar, e puede aver en todo este término de bravo y dondo quarenta días de buys, de lo qual es de todo ello la mitad de San Vicente de Oviedo. Y jaze dentro de este término un hero del Capellán de Llanos que llama el hero del Cueto, en que pueda aber, poco más o menos, un día de buys, según está finsado, e además desta eredad otro hero que llama de Biodo, en que puede aber día e medio de bueys.
 

Yten una tierra que jaze al ziebo de Traspuesta, en que ay un día de bueys y es de herederos.
 

Yten es de esta juguería una tierra que jaze en Misiego, en que puede aber un quarto de días de buys, que es la mitad de San Bizente, que se determina de la parte de zima e de la de bajo de Pero Fernández del Ferero y otros herederos, e de la una fruente heredaz de herederos de Pero Suárez del Ablongo, y de la otra frontera de herederos de Sagres.
 

Yten dixeron que en la hería de Berdizio ay una tierra que se dize de La Arreonda, labradía, en que puede aver dos días de buys, que se determina de la una parte de arriba por eredad de la casa de Mazaneda, e de la parte de bajo por heredad de San Pelayo, e de la una fronte e de la otra eredad de la Mazaneda.
 

Yten otra tierra en la misma hería en que hay tres días de buys, que se determina en esta manera: de parte de zima por heredad de San Pelayo, y debaxo la mar e de la una frontera eredad de la Casa de Mazaneda e de la otra frontera la mar e la terzia parte desta tierra es de la casa de Mazaneda.
 

Yten otra tierra en esta hería en que puede haber un día de buys que se llama la Bega (…) que se determina de la parte de zima por heredad de San Bizente, de parte de baxo de y de ambas fronteras por heredad del dicho Martín Bazquez y de Juan de Carreño.
 

Yten otra tierra en esta misma hería, en que puede haber medio día de buys, la cual dicha hería se llama La Moral, que se determina por todas partes por heredad de Martín Bazquez y de Juan de Carreño.
 

Yten otra tierra en Fonfría, que es en esta hería, en que hay otro medio día de buys, que se determina por çima heredad de Alfonso García el Mozo y de sus herederos, y de bajo por heredad de Martín Bazquez y de herederos y de Juan de Carreño, y de una fruente por heredad de Juan de Carreño y de Martín Bazquez, y de la otra frente por el riego del agua.
 

Yten otra tierra en Fonfría en que debe haber cinco días de buys grandes, que se determina de la parte de zima por heredad de Alfonso García el Mozo y sus herederos, y de bajo por heredad de San Vicente, y de la una fruente por el riego del agua de Fonfría e de la otra por la mar.
 

Yten otra tierra que jaze en Castiello, en que puede haber dos días de buys, que se determina de la parte de zima la mar, e debajo por heredad de Alfonso Gutiérrez el Mozo, y de la una fruente por heredad de San Pelayo y de la otra la mar.
 

Yten, otra tierra que llaman La Cuba, en que hay un término de días de buys que se determina de la parte de zima por heredad de herederos de Antonia Pérez de Obes, e debajo por heredad de San Pelayo, y de la una fruente de Martín Bázquez e de la otra por heredad de San Pelayo.
 

Yten, en Fonfría, otra tierra en que hay un cuarto de día de bueyes, que se determina de la parte de zima por heredad de Diego Muñez de Ponte e debaxo por heredad de Martín Bázquez, e de la una fruente la guarida del pueblo e de la otra fronte por heredad de San Pelayo.
 

Yten, otra tierra que jaze al puerto de Castiello [2], en qual hay un cuarto de día de bueyes que se determina de la parte de zima por heredad de Bega, de bajo por heredad de San Pelayo, Cristóbal, e de la una fruente por heredad de herederos de Pero Fernández de Abillés y de la otra fronte la mar.
 

Yten, otra tierra que jaze en Balosán, en que hay medio día de bueyes, que se determina de la parte de zima heredad de Martín Bázquez, e de bajo e de la una fruente por el camino, e de la otra fronte heredad de la dicha juguería.
 

Yten, otra tierra en este mismo lugar, en que hay un quinto de día de bueyes, que se determina de la parte de zima por heredad de la Yglesia de San Cristóbal e de bajo heredad de herederos de Pero Fernández de Obes y de la otra fruente por heredad de San Cristóbal e de la otra por heredad de San Çalbador.
 

Yten, otra tierra que yace en Balosán, en que hay dos días de bueyes, que se determina de la parte de zima heredad de Pero Fernández del Ferrero, y de bajo heredad de heredad de San Pelayo, e de una fruente por el camino, y de la otra al agua que viene de la fonte.
 

Yten, otra tierra que yace en el lugar del Cabrón, en que hay un día de bueyes que se determina de parte de zima por heredad de San Pelayo, e de bajo por heredad de la misma jugería, y de la una fruente por heredad de herederos de Rodrigo Alfonso de León y de la otra por heredad de San Pelayo.
 

Yten, otra tierra en el mismo lugar, en que hay medio día de bueyes, que se determina de parte de zima por la misma heredad de esta dicha juguería, e de bajo por heredad de San Pelayo, y de la una fronte y de la otra heredad de Diego Martínez de Ponte.
 

Yten, otra tierra en Longar, en que puede haber un cuarto de día de bueyes, que se determina de parte de zima por heredad de San Pelayo y de bajo por heredad de Martín Bázquez, y de la una fruente de Fernando del Río y de la otra del dicho Martín Bázquez.
 

Yten, otra tierra en este mismo lugar, en que puede haber medio día de bueyes, que se determina de la parte de zima por heredad de Martín Bázquez e debajo por heredad de Pero Fernández de la Billa, e de la una fronte por heredad de San Pelayo, e de la otra eredad de San Cristóbal.
 

Yten, otra tierra que yace en Longar, en que puede haber dos días de bueyes, que se determina de parte de zima por heredad de San Vicente, e de bajo heredad de Alfonso Fernández de Obes, y de la una fronte por heredad de San Pelayo, e por la otra por el riego del agua.
 

Yten, otra tierra que dizen Cortina, en que hay medio día de bueyes, que se dice el hero del Erio, que se determina de parte de zima por heredad de Martín Bázquez, e de bajo por heredad de Ruy Ferrero y de la una fruente por el riego de la yglesia y de la otra por heredad de la dicha yglesia de San Cristóbal.
 

Yten, otra tierra que dicen Rondiella en que hay otro medio día de bueyes bueno, que se determina de la parte de zima heredad de Antón Pérez de Sagres y de sus herederos, e de bajo por heredad de Pero Fernández de la Billa, y de la una fruente por heredad de Fernando del Río, y de la otra heredad de la Boz de Bega.
 

Yten, otra tierra en el lugar que dicen el Molino de Foya, en que hay un quinto de día de bueyes, que se determina de la parte de zima por el camino antiguo y de bajo por el riego del agua y de la una fruente por heredad de San Pelayo y de la otra por heredad de la yglesia de San Cristóbal.
 

Yten, otra tierra que dicen La Losiella, en que hay un día de bueyes que se determia de la parte de zima por heredad de Diego Martínez de Ponte, e de bajo por heredad de Pero Suárez del Ablongo, y de la una fruente por heredad de Martín Bázquez y de la otra por heredad de la dicha yglesia de San Cristóbal.
 

Yten, otra tierra que dicen Las Nisales, en que hay un cuarto de día de bueyes, que se determina de parte de zima por heredad de Fernando del Río, e de bajo por el riego de el agua y de los dos frontes por heredad del dicho Martín Bázquez.
 

Yten, otra tierra que yace en La Calella, en que puede haber un cuarto de día de bueyes, que se determina de la parte de zima por heredad de Martín Bázquez, en de bajo por heredad de Fernández de la Puerta de la Villa, y de la una fruente por heredad de la Yglesia de San Cristóbal e de la otra por el camino antiguo.
 

Yten, otra tierra en este lugar, en que puede haber un cuarto de día de bueyes poco más o menos, que se determina de la parte de zima por heredad de Belasco y de sus herederos, e de bajo por herederos de Martín Bázquez, e de la una fruente por el camino antiguo, y de la otra por heredad de San Cristóbal.
 

Yten, otra tierra, en este mismo lugar, en que ha medio día de bueys, poco más o menos, que se determina de la parte de zima, por eredad de San Cristóbal, e de baxo por eredad de Martín Bazquez, e de la una fruente por el camino antiguo, e de la otra por eredad de San Cristóbal.
 

Yten, otra tierra en este mismo lugar, en que hay medio día de bueis, poco más o menos, que se determina de la parte de zima por heredad de Martín Vázquez, e de la una fronte por heredad de Belasco y de sus herederos, e de la otra por el camino antiguo.
 

Yten, otra tierra que dicen La Losiella, en que hay medio día de bueyes, que se determina de parte de zima e de todas partes del dicho Martín Vázquez.
 

Yten, otra tierra que yace en Zepedo, en que hay un cuarto de día de bueyes, poco más o menos, que se determina de la parte de zima por heredad de San Cristóbal, e de bajo por heredad de Alfonso Fernández de Obes, e de la una fronte, e de la otra, heredad del dicho Martín Vázquez.
 

Yten, otra tierra que yace en Lago, en que hay medio día de bueyes, que se determina de la parte de zima y de bajo heredad del dicho Martín Vázquez y debajo también (sic), e de la una frontera y de la otra por heredad de Ruy García de Luera.
 

Yten, otra tierra que yace en Fenollal, en que hay un día de bueyes que se determina de la parte de zima por heredad de Martín Vázquez, e de bajo por heredad de herederos de Belasco, e de ambas fronteras heredad de dicho Martín Vázquez.
 

Yten, otra tierra que yace en Sobiña, en que hay un cuarto de día de bueyes, que se determina de la parte de zima por heredad del dicho Martín Vázquez, e de bajo por heredad de San Pelayo, y de la una fruente por heredad de Diego Martínez de Ponte, e de la otra por heredad de Martín Bázquez.
 

Yten, otra tierra que yace al molino de los prados, en que hay un cuarto de día de bueyes, que se determina de la parte de zima por heredad de Domingo Martínez de Ponte, e debajo por heredad de Ruy García de Luera y de la una fruente y de la otra de Fernando del Río.
 

Yten, otra tierra en el prado de la Trema, en que hay un cuarto de día de bueyes, que se determina de la parte de zima por heredad de Martín Vázquez e por debajo por el riego de el agua, y de la una fruente por heredad de San Cristóbal, e de la otra por herederos de Belasco.
 

Yten, otra tierra que yace en el mismo lugar, en que puede haber medio día de bueyes, que se determina de dos partes por heredad de Martín Vázquez y de las otras dos partes heredad de esta dicha renta.
 

Yten, otra tierra que dicen en Antraga, en que hay dos días de bueyes, que se determina de parte de zima por heredad de Martín Vázquez, e de bajo por heredad de San Pelayo, y de la una fruente por el riego de el agua y de la otra por la misma renta de San Salvador.
 

Yten, otra tierra que se llama La Calella, en que hay un día de bueyes, que se determina de parte de zima por heredad de Pero Fernández de la Puerta la Billa, e de bajo de San Pelayo, e de la una fronte por heredad de Martín Vázquez, e de la otra por heredad de herederos de Belasco.
 

Yten, otra tierra en el lugar que dicen El Molidorio, en que hay el cuarto de día de bueyes, que se determina de la parte de cima e de las otras dos partes por heredad de San Pelayo, e de la otra fronte por el riego de el agua.
 

Yten, en el lugar que dizen Armafe otra tierra en que hay un día de bueyes, que se determina de las dos partes por heredad de San Pelayo, e de la una fruenta por heredad de Martín Vázquez, y de la otra por heredad de herederos de Belasco.
 

Yten, otra tierra que llaman el Pozo de Çeballes, en que hay un día de bueyes, que se determina de parte de cima por heredad de Florinti, e de bajo por heredad de Martín Bázquez, y de una fruente por heredad de Las Losas e de la otra fronte por donde va el agua que viene de Las Fabariegas.
 

Yten, otra tierra que llaman La Cueba, en que hay medio día de bueyes, que se determina de parte de cima por heredad de herederos de Belasco, de bajo por heredad de Diego Martínez de Ponte, e de la una fronte por el riego del agua que viene de Las Fabariegas, e de la otra por la heredad de Las Lossas.
 

Yten, otra tierra que yace en Tasmeli, en que hay medio día de bueyes que se determina de la parte de cima por heredad de Ruy García de Luera, e debajo de herederos de Belasco, y de la una fruente por heredad de Las Lossas, y de la otra por heredad de San Cristóbal.
 

Yten, otra tierra que llaman La Cárcaba, en que hay dos días de bueyes, que se determina de la parte de cima por heredad de San Pelayo, e de bajo por heredad de Martín Bázquez, e de la una fruente por heredad de la misma renta de San Salvador, y de la otra por heredad de Martín Vázquez.
 

Yten, otra tierra a la Fonte de la Cárcaba, en que hay un cuarto de día de bueyes, que se determina de parte de cima por heredad de Ruy González de Luera, e de bajo de esta misma renta, y de la una fruente por heredad de San Pelayo, y de la otra por la fuente de La Cárcava.
 

Yten, otra tierra que yace en Balle, en que hay un tercio de día de bueyes, que se determina de la parte de cima por heredad de Ruy González de Luera, e debajo también y de María González de (¿?) y de otros herederos, y de la una fruente por heredad de herederos de Gonzalo Fernández de Fiame y de la otra fruente el riego de el agua que viene de la fuente de Bejín.
 

Yten, otra tierra que yace en El Balle, en que hay un día de bueyes, que se determina de la parte de cima por heredad de Ruy González de Luera, e de dos partes por heredad de Belasco y de la otra por heredad de Fernando del Río.
 

Yten, otra tierra que yace en La Bustariega, en que hay un día de bueyes, que se determina de la parte de cima por heredad de San Pelayo, e debajo por el camino antiguo, y de la una fruente y de la otra el río.
 

Yten, otra tierra de La Portiella, en que hay un cuarto de día de bueyes, que se determina de la parte de cima por el camino antiguo, e debajo por heredad de San Pelayo, e de la una fruente y de la otra por heredad de Martín Vázquez.
 

Yten, otra tierra en Barero, en que puede haber dos días de bueyes, que se determina de la parte de cima por heredad de Ruy González de Luera, e de ambas fruente por el camino antiguo, y de la otra fronte por heredad de Florinti.
 

Yten, otra tierra en el lugar que dicen Restelles, en que puede haber un cuarto de día de bueyes, que se determina de las tres partes de Ruy González de Luera, y de la otra fronte por heredad de Nicolás de Sabugo.
 

Yten, otra tierra que yace en este lugar de Restelles, en que hay un quinto de día de bueyes, que se determina de la parte de cima heredad de San Cristóbal, e debajo por heredad de Ruy González de Luera, e de la una fruente por heredad de herederos de Belasco e de la otra por heredad de Ruy González de Luera.
Yten, otra tierra que yace en Restelles, en que puede haber otro quinto de día de bueyes, que se determina de tres partes por heredad de la Casa de Mazaneda, e de la otra por heredad de Ruy González de Luera.
 

Yten, otra tierra que dicen La Canal, en que hay día y medio de bueyes y que se determina de la parte de cima por heredad de los de Bega, e de bajo por heredad de herederos de Alfonso Fernández de Obes, y de la una fronte por la fonte de la agua, y de la otra fronte por heredad de Ruy González de Luera y la casa de Manzaneda.
 

Yten, mas dixeron, que en el monte, tercia parte del monte de la pierna del buey, había en él 8 días de bueyes, poco más o menos, que se determinaba de la parte de cima heredad de Rui González de Luera, e de bajo por el riego de la agua, e de la una fronte por el término del Bredo, e de la otra por el riego de la agua que estrema Las Losas. Y de este monte pertenece de esta renta la tercia parte y los dos tercios son de herederos de Belasco.
 

Y otra tierra que yace al Espino del Mortero, en que puede haber un día de bueyes, se determina de la parte de cima por heredad de herederos de Castañedo y de bajo por el término de esta misma renta de San Salvador, y de la una fruente por heredad de Ruy González de Luera, y de la otra fruente por heredad de herederos de Belasco.
 

Y otra tierra en Berdizio en que hay medio día de bueyes, poco más o menos, que se determina de la parte de cima por heredad de Fernando del Río, e de bajo por heredad de herederos de Velasco, y de la una a la una fruente por el camino antiguo, e de la otra por heredad de herederos de Velasco.
 

Yten, otra tierra que hay en este lugar de Verdicio, en que puede haber medio día de bueyes, que se determina de la parte de cima por heredad de herederos de Belasco, e de bajo por el riego de la agua que viene de la fonte, e de la otra fronte por heredad de Fernando del Río, e de la otra fronte por el camino antiguo.
 

Yten, otra tierra que yace en Paraju, en que hay un cuarto de días de bueyes, que se determina de la parte de cima por heredad de herederos de Boz de Bega, y de bajo de dicho Velasco y de sus herederos, y de la una fronte por heredad de los del Penisal y de Ynés Pérez de Sagres, y de la otra fronte por la heredad de la Boz de Bega.
 

Yten, otra tierra en Fiame, en que hay un cuarto de días de bueyes, que se determina de la parte de cima heredad de Florenti, e debajo por heredad de Martín Bázquez, y de una fruente por heredad de San Pelayo, y de la otra por heredad de herederos de Belasco.
 

Yten, dixeron que en el monte del Lorero, estaban fasta diez castañares y una roza, en que puede haber en esta roza y castañares un días de bueyes, poco más o menos, que se determina de la parte de zima e de las dos partes eredad de Belasco e de otros erederos, de la otra fronte castañedo de erederos de Juan de Obes y de Belasco.
 

Yten, dixeron que por el moyo del sal paga el capellán de la yglesia de Berdicio sesenta maravedises de esta moneda a los tenedores de esta renta de Verdicio.


[1] MARTÍNEZ, E. (1979). Los documentos asturianos del Archivo Histórico Nacional. Gijón: Monumenta Histórica Asturiensia.

[2] Ese puerto se encontraba en lo que actualmente se conoce como La Cabaña, una pequeña ensenada situada al abrigo de la punta La Rosca. Todavía se acuerdan algunos de que era un buen abrigo para las lanchas. Sobre él se alzaba antiguamente el castro de "El Castiellu", reconocido por José Manuel González y Fernández-Vallés el 26 de febrero, de 1961. Fanjul Peraza, en su libro "Los Castros de Asturias. Una revisión territorial y funcional" (2005), lo descarta, al no encontrar evidencias arqueológicas. Sin embargo, este castro, que ha sufrido por su ubicación un profundo desgaste, aún conserva una mínima parte del mismo, incluido uno de sus fosos, completamente colmatado. Para otro día dejaremos una hipótesis que tengo a cerca de la relación de este enclave con la desaparecida iglesia de San Salvador de Piedras Albas y con el puerto de "Mala Rupis", a donde, a causa de una tormenta, arribaron en 1147 los barcos de un ejército de cruzados procedentes del Norte de Europa, que participarían en la toma de Lisboa.



martes, 11 de febrero de 2020

1793 - Sucedió en la iglesia de Verdicio

1793 - Sucedió en la iglesia de Verdicio (Gozón, Asturias)

Iglesia parroquial de San Cristóbal de Verdicio (Gozón, Asturias)
A continuación, transcribo un documento del que tuve conocimiento hace algunos años, durante la lectura de un artículo, que recomiendo leer, titulado “Vecinos, caseros, señores, amigos y parientes en la Asturias del Antiguo Régimen”, de Florentino López Iglesias (RIDEA nº 153, año LIII, pág. 109-157). El autor hace una breve referencia a un terrible suceso ocurrido el 29 de abril, del año 1793, y que resulta ser una importante prueba documental de la discriminación que sufrieron dentro de la iglesia de San Cristóbal de Verdicio los vaqueros[1] de alzada y que se prolongó hasta el siglo XX.

Ese día, varios vecinos se presentaron para impedir el entierro de la esposa de Pedro Álvarez-Argüelles. La gravedad de lo ocurrido allí obligó a la víctima a presentar días después una denuncia que se conserva en el Archivo Histórico de Asturias[2]:


"En la ciudad de Oviedo, a 15 días del mes de mayo de 1793, ante mí, escribano de número y testigos, presente D. Pedro Álvarez Argüelles, vecino de la parroquia de Berdicio, concejo de Gozón.Dijo, que la expresada feligresía está dividida en diferentes barrios y lugares, pero el del otorgante, sin otro motivo que el de acostumbrar sus vecinos llevar los ganados a pastar a los puertos de Somiedo de este Principado, tuvo la desgracia de incurrir en un sumo desprecio de los demás confeligreses, que los distinguen con el renombre de “vaqueros”, y otros apodos arbitrarios, que allí se conceptúan injuriosos, empeñándose en manifestar los efectos de esta preocupación en cuantos lances y ocasiones se han ofrecido por diversas maneras.Así fue que, al tiempo de reedificarse la Capilla Mayor de aquella iglesia, quisieron eximir al otorgante, y más vecinos de su aldea, del repartimiento que se debió hacer para su costo, suponiendo que no debían tener entrada en ella, ni poder sepultarse, sino en un sitio separado de la iglesia. Pero siguiéndose la instancia, se falló lo que correspondía y deber contribuir unos y otros como miembros de un mismo cuerpo, según lo hacen con los maravedís reales, fiestas sacramentales y más cargas públicas y concejiles.Sin embargo, no se desvaneció esta preocupación ridícula, odiosa e inveterada, porque habiendo muerto la mujer del otorgante y tratando enterrarla en el 29 del pasado, se dejó la elección de sepultura a discreción del párroco, que atendiendo a que mi parte es noble ejecutoriado y recibido como tal, que la difunta y su marido eligieron funeral mayor, dejando al mismo tiempo cierta fundación piadosa en la misma iglesia, consideró muy regular darla una sepultura decente, aunque no de las más superiores. Y en efecto, mandó cavarla junto al arco de la Capilla Mayor, donde quedaban otras muchas de mayor distinción para algunas otras personas, si se ofreciera.Pero esperándola arromper, se presentó inmediatamente D. José García, menor en días -de quien tiene bastante noticia el tribunal-, mandando que no cavasen allí. Y habiéndole dicho el cura -que se hallaba presente- lo había mandado él, por los justos motivos expresados, contestó, diciendo, no lo permitía de ningún modo o habría una ruina, de modo que en tres años no se celebrase en aquella iglesia.Y habiéndosele dicho que él no tenía allí, como no tiene, mas preeminencia que otro cualquier vecino, que además era hijo de familias y por lo mismo en ningún caso podía tener acción y voto en la materia, se presentó a su lado, entre algunos otros, Manuel Martínez, de la misma vecindad, con el propio empeño, jurando y blasfemando con un palo en la mano. Y como el otorgante les dijese que era noble y de igual calidad, respondió el Pumariño, que no se sabía de qué casta ni raza eran el otorgante y sus vecinos. El párroco, con su acostumbrada modestia y cualidad, propia en su carácter, le dijo, que se reportase, mirando que eran cristianos bautizados en la propia pila como él y recibía los mismos Santos Sacramentos, a que repuso el Pumariño que también estuviera en Francia y había visto muchos a este modo, que resultaban ser judíos. Y prosiguiendo con el Martínez en los mismos retos y demostraciones conminantes a ocasión, que ya el entierro se acercaba, añadieron que ya el cadáver no se enterraría allí y quedaría para escabeche, lo cual, entendido por los circunstantes y el otorgante -temerosos de una fatal reyerta- cedieron a la fuerza, mandando romper la sepultura un trozo más abajo de la que estaba señalado.Este acaecimiento, harto grave por las circunstancias de que se reviste, es de superior atención, considerando los antecedentes que hay en la materia y perjudicial trascendencia de preocupación semejante, hija de la barbarie de otros tiempos, pues influye directamente sobre las conveniencias de aquellos vecinos y mejor acomodo de sus hijos. Ya se ven que en adelante nadie querrá enlazarse con unas gentes vilipendiadas públicamente en materia de honor y religión, pues, aunque todo sea un error, mientras se califique con la odiosa exclusión de sepulturas, nunca se podrá disipar, produciendo perversas consecuencias. Si la justicia y la equidad política persuaden la igualdad entre los vasallos de un mismo príncipe, gobernados por una misma ley, cuánto más igual deberá ser el otorgante a los demás vecinos, teniendo como tiene ejecutoriada su nobleza y acreditada su conducta y honrado proceder, por manera que la injuria y baldón que se le ha hecho a vista de todo el vecindario es insigne por cualquier lado que se mire. En vano buscaría la satisfacción ante aquella justicia, porque sobre estar conexionada con los delincuentes y acaso poseída de igual preocupación y error, es tanto el miedo que todos tienen al D. José Pumariño por sus anteriores averías, que no se atreverán a dar un paso con acierto. Por tanto, otorga, que da todo su poder cumplido, el que de derecho se requiere y es necesario, a Thomas Antonio Pintado, procurador de número de la Real Audiencia, para que en ella, a su nombre, proponga la querella y acusación criminal correspondiente y hasta conseguir se le admita, por estar dentro de las cinco leguas y la gravedad del asunto, y que se mande que por receptor escribano requerido que pueda entrar de fuera, presente o persona del agrado de la sala, reciba al tenor de todo lo expuesto sumaria información. Y que, resultando lo bastante por derecho de dos o tres testigos, remitan dichos acusados, y más que resulten cómplices, al Real Castillo y Fortaleza de esta ciudad, embargando sus bienes, y prosiguiendo en la sumaria, compulse también el estado que goza el otorgante en los padrones del concejo, como el auto de la citada ejecutoria, y en vista de uno y otro, imponer a los reos las penas en que se hallan incursos con las costas. Y que a la suya, se traslade el cadáver a la sepultura que estaba señalada con las demás providencias capaces a desagraviar al otorgante, desvanecer aquel error y conformes a justicia, para lo que presenté pedimentos, escrituras y los más papeles conducentes, pues el poder que para todo lo referido se requiere ese mismo lide y confiere con incidencias, dependencias, anexidades y conexidades sobre franca y general administración, relevación en forma, obligación de su persona y bienes, cláusula expresa de que le pueda jurar y restituir poderío de justicias y renunciación de leyes con la general del derecho en forma.Así lo otorgó el otorgante, de que yo escribano doy fe. No lo firmó, que dijo no saber; hízolo a su ruego un testigo que juró conocerle. Y lo fueron, D. Antonio Fernández de Cuevas, D. José, su hermano, y D. José Antonio Pintado, todos vecinos de esta ciudad."

Doscientos años después, a finales de los años 80 del pasado siglo XX, durante el transcurso de una serie de averías en la traída de aguas, comenzaron a circular entre los vecinos comentarios peyorativos hacia los vecinos de Les Cabañes, un barrio localizado en el extremo suroccidental[1] de la parroquia. Los mayores resucitaron viejos recuerdos y tradiciones que aludían a aquellos como “vaqueros”, palabra empleada de manera despectiva y sin que ni unos ni otros pudieran explicar el origen ni las razones de la misma. Este ambiente lo vivió de primera mano, de pequeño, el historiador Julio César Zapico, cuya familia materna es de Verdicio. Llegó a saber que, a principios del S. XX, cada vez que acudían a oír misa, los vecinos de Les Cabañes estaban obligados a entrar por la puerta Norte del templo de San Cristóbal (hoy tapiada[2]) y debían sentarse atrás, al fondo, separados de los demás feligreses por un arco o “travesón”[3] (una viga de madera). Si se atrevían a traspasar ese límite, se les pinchaba con “aguyes y enfileres” (agujas y alfileres). También se les negaba el derecho a sacar en procesión el estandarte de la cofradía de la Virgen del Rosario.
Procesión al rededor de la iglesia de San Cristóbal al poco de finalizar la Guerra Civil

Una copla burlesca decía:  
Los vaqueros Les Cabañes
salieron en procesión
lleven un gatu de Santu
y una vieya de pendón[4]

La discriminación se prolongó hasta antes de la Guerra Civil, pero incluso en años posteriores, se mantuvieron los recelos y las reticencias a relacionarse entre algunas familias. Situaciones similares parece ser que se repitieron también en las iglesias parroquiales de San Jorge de Mazaneda y Santolaya de Nembro.
 

Sin embargo, esos incidentes y rifirrafes recogidos en los testimonios orales, eran los estertores de una historia cuyos momentos más trágicos habían quedado muy atrás en el tiempo.

Foto del interior de la iglesia, hecha poco después de finalizada la Guerra Civil

En los libros parroquiales más antiguos conservados (1721), el párroco, Francisco Menéndez Villa, en cada acta de bautizo, acostumbraba a etiquetar de “baquero” a individuos de apellido Alba, Álvarez, Blanco, Carril, Calvo, Cano, Cazán, Feito, Rodríguez, Sirgo, etc.[5], emparentados con otros del propio concejo[6] y próximos, como Pillarno y Santiago del Monte (Castrillón), Villardebeyo (Llanera), Trasona (Corvera), Tabaza (Carreño), y de la montaña, Vigaña (Belmonte), Restiello (Grado), La Focella (Teverga), Torrestío (San Emiliano), Valle del Lago, Éndriga (Somiedo), etc. Sin embargo, el párroco del documento que hemos transcrito -de quien no conocemos su nombre, ya que no aparece citado en el mismo, ni tampoco se conservan los libros parroquiales de esa época- sale en defensa de un “baquero”, argumentando que “eran cristianos bautizados en la propia pila como él y recibía los mismos Santos Sacramentos”. Esta actitud choca con la postura tomada por los curas de otras iglesias del occidente de Asturias, donde se vivieron muchas disputas entre vaqueros y estantes[7].

A pesar de que en la actualidad no se conserva la viga que antaño separó a unos y otros vecinos, las puertas de acceso al templo son una huella de esa discriminación. La puerta Sur, la principal, la que mira al sol y se encuentra resguardada de los temporales, era de acceso solo para los “vecinos” y se remató con un medallón ovalado en el que reza la siguiente frase en latín:



“QUI AUSPICE DEO COEPIT EDIFICARE
IPSO FAUTE POTUIT
CONSUMMARE
DEO VERO”


Quien con el auspicio de Dios comenzó a edificar, por lo mismo pudo terminar. De Dios verdadero[8]


Y, fuera del óvalo, la fecha de 1798.

La misma fecha tiene la puerta de acceso para los “no vecinos”, la Norte, expuesta a los frecuentes temporales procedentes de la mar y carente de cualquier ornamentación. Simplemente, en el dintel, la inscripción “AÑO DE / 1798 / ONV”, quizás la abreviación de “Ostium Non Vicini” o “entrada para los no vecinos”.

Entrada Sur
Medallón ovalado que remata la puerta Sur con la inscripción: "QUI AUSPICE DEO COEPIT EDIFICARE / IPSO FAUTE POTUIT / CONSUMMARE / DEO VERO"
Entrada Norte

Inscripción sobre la entrada Norte: AÑO DE / 1798 / ONV
El siguiente documento audiovisual, realizado en el año 2005, recoge los últimos testimonios orales de esta discriminación. Que sirva este suceso como ejemplo, a pequeña escala, del valor que tiene el conocimiento de la Historia y cómo las consecuencias de sucesos aparentemente lejanos en el tiempo, pueden llegar a alcanzarnos, sin que seamos conscientes de ello por nuestra ignorancia o falta de entendimiento.

[1] En este barrio confluyen las parroquias, Santolaya de Nembro, San Jorge de Eres, San Cristóbal de Verdicio y San Esteban de Vioño, y actualmente viven en él unos 20 vecinos.
[2] Es visible el dintel, donde se lee “AÑO / 1798 / O.N.V.” (¿quizás “Ostium Non Vicini”, “entrada para los no vecinos”?).
[3] Los testimonios orales no son unánimes en este punto.
[4] Variante de “Los gallegos de Galícia / cuando van de procesión / llevan un gato de santo / y una vieja de pendón”, conocida en otras partes del Norte de España.
[5] Algunos disfrutaban del privilexu de Páramo, otorgado en el año 1033 por el rey Bermudo III a los descendientes de Vellito Auriolis, que los eximía del pago de impuestos.
[6] Como La Cabrera (Vioño), Los Cuetos (Manzaneda) y La Cabaña (San Jorge), que también fueron brañas.
[7] VAQUERO IGLESIAS, Julio Antonio; FERNÁNDEZ PÉREZ, Adolfo (1986): “Nuevos datos sobre la marginación de los vaqueiros de alzada”, en Ástura, Nuevos Cortafueyos d’Asturies, nº 5, pp. 11-24.
[8] ¿A caso “Deo Vero” es una manera de rematar la frase afirmando que el Dios al que le dedican la conclusión de la obra es el Dios cristiano y no otro?


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